31 de diciembre de 2008

Feliz año 2009

El año nuevo reclama
el puesto del gran ciclo infinito,
mientras los viejos ecos perduran
en la memoria de los tiempos.
Un nuevo aroma, un nuevo color,
llega a nuestras almas, para que sea mejor.

El 2009 es el año del buey del horóscopo chino. El buey era en China el animal más usado para tirar de los arados. Su perseverancia conseguía arar los duros suelos aún estando congelados, haciéndolos aptos para el cultivo. El buey representa el ánimo y voluntad de tirar siempre hacia adelante, aún con todo en contra. Le caracterizan también la paciencia y gentileza.

Os deseo un más que buen año 2009,
Iwakura.

4 de diciembre de 2008

Sintonizando en Sintonison

Segundo cuento de Leopardo DaVinci:

SINTONIZANDO EN SINTONISON

Capítulo 1. Encefalograma robado.

Esta historia transcurre en el pueblo Sintonison. Leopardo llegó a él por casualidad al desviarse de su ruta por estar mirando el mapa al revés. Con un gran estruendo se acercó al primer grupo de casas de las afueras. El estruendo lo produjo su vehículo. Una especie de ciempiés metálico y con visera al que se le había salido de uno de los zapatos de acero la suela de goma. Decidió pedir cobijo porque se le había hecho de noche. Cuando le abrieron una puerta después de cinco intentos y medio, comprobó que algo olía mal en ese pueblo, pero no había sido él. El hombre que le abrió la puerta haciendo girar el pomo 90 grados y tirando hacia sí, tenía la vista perdida, y desenfocando le dijo:

- ¿Qué narices quieres?
- Sólo busco donde pasar la noche- dijo Leopardo
- ¿Y para eso me molestas? Estaba viendo mi programa favorito- y dijo eso moviendo enérgicamente las manos y en la que no era la izquierda sostenía un mando de televisión repleto de botones.
- Ya veo que no quiere usted un millón de euros - repuso Leopardo por si colaba.
- ¿Eres del programa El millón llama a tu puerta? En ese caso bienvenido sea.
- Es usted muy perspicaz. Gracias por su amabilidad. - contestó Leopardo, consciente de que estaba metiéndose en un buen lío.

Pasó a la sala de estar, donde estaba la televisión y tomó asiento y también tomó un té que le había preparado aquel hombre. Leopardo pensó todo lo rápido que pudo, que es más o menos lo que se tarda en golpear a un mosquito que tienes en la frente, solo que él si que lo tenía. Evidentemente ganó el primer y único asalto y además se le ocurrió una idea. Tan sólo pensaba quedarse allí esa noche y en seguida salir por patas (las del ciempiés). Continuaría la mentira.
Como era muy observador se dió cuenta de varias cosas.

1- Aquel hombre era un adicto total a la televisión.
2- En las fotos que tenía repartidas por la sala, junto con vecinos de fondo, siempre se veía al menos una tele.
3- Al mirar por la ventana también se veía en cada una de las casas un montón de antenas diferentes brillando a la luz de la luna.
4- Todos en aquel pueblo parecían estar pirados.
Así que poniendo esas observaciones por bandera trazó un plan y dijo al fin:

- Este es un programa especial y repartimos el doble de dinero de lo normal.

Le contó que era una competición para todo el pueblo, premiando a quien más supiera sobre cualquier programa de cualquier canal. El concurso se realizaría la tarde siguiente al aire libre, en la plaza.
El hombre preguntó por los cámaras y Leopardo contestó que llegarían por la mañana temprano. Esa respuesta y la ilusion del concurso bastaron para convencerle. Leopardo durmió allí mientras aquel hombre se quedó viendo una teleserie. Se despertó a las 6 y en seguida bajó a arreglar su ciempiés y marcharse de ese pueblo.

El cacharro aquel con Leopardo encima se alejó de aquel sitio y de todos los problemas. Aqui podría acabar el cuento pero no acaba. El ciempiés podría no haber vuelto a pisar ese suelo, pero lo hizo. Podría haberme tocado la lotería pero no me ha tocado. Y Leopardo DaVinci podría haber pasado del tema, pero no pasó. Decidió ayudar a aquellas gentes, que tenían serios problemas de adicción a la televisión.

Capítulo 2. El plan.

Su brillante cabeza de genio calvo (de ahí que brille) tuvo una idea. Se celebraría el concurso, pero lo ganaría él mismo y nadie sabría del engaño. Para ello debía cooperar con alguien, cosa que no le agradaba. Conocía a un chavalín de un pueblo vecino (al que intentaba llegar antes de perderse) y puesto que aquel joven siempre le insistía en ser su aprendiz, recurrió a él.
El plan era este: conseguiría sacar de internet las preguntas a realizar y Joss, el joven, sabría las respuestas y ganaría, pero debía hacerse pasar por vecino. Leopardo fabricó en hora y media una especie de casa portátil de papel sin nada dentro, admirándose de sus dotes para la papiroflexia absurda imposible. Y aquello funcionó porque nunca nadie se dió cuenta de que no existía tal casa en realidad. Cuando creyeron que lo llevaban todo se dispusieron a partir. Y un coco es lo que partieron, con la cabeza de Leopardo que era muy dura. Después del cocotero almuerzo emprendieron la marcha hacia Sintonison.
Cuando llegaron a la plaza del pueblo ya había gente esperando, pero eso era de esperar, de lo contrario hubiera sido inesperado. Leopardo sacó todos los trastos del maletero del ciempiés. Sacó también dos maniquís con gafas de sol para hacer bulto. A saber de donde los había sacado el loco este. Preparó una cámara de video encima de un caballete que no paraba de relinchar. La cámara emitía a todo el pueblo, de modo que no se darían cuenta de la farsa. Y entonces empezaron el show.

Capítulo 3. El show de Leopardo.

- Queridos espectadores, muy buenos días tardes noches. Estamos en directo en el programa "me dais a mí dos millones" ...Es broma. ¡Picásteis!
Se oyeron por ahí voces desconcertadas, pues no tenían partitura. Y Leopardo siguió hablando:
- Que aproveche la cena...Digo... Que tengáis suerte. Empezaremos la primera pregunta y ganará el que conteste tres respuestas correctas más rápidamente.

La gente estaba expectante. Iban a premiar lo que mejor se les daba. Todos querían ser los que más supieran y con el premio comprar una televisión más grande, para no perderse ningún detalle.

- Allá va: ¿Cuantos lunares tenía el vestido de la folklórica Lola Pantoja y Olé en la gala "banderilleemos a nuestros toros"?
- 125 lunares enteros y 20 mitades.- respondió Joss
- ¡Respuesta correcta! Un croquipunto para el chico. Vamos con la pregunta que va después de la primera. ¿Cuántas esposas ha tenido el abuelo de la hermana del mayordomo de la Duquesa de Calva?
- Ha tenido dos esposas y otro par de esposas de cuando lo detuvieron por robar el peluquín del marido de la Duquesa de Calva.- contestó también Joss.
-¡Perfecto! Otro croquipunto para el muchacho. Otro más y gana la prueba. Última pregunta: ¿Qué fue lo que dijo el doctor Pómez en el capitulo 328, minuto 23, 5 segundos de la serie "Matasanos"?
- ¡Ay! -dijo enseguida un vecino, al que le había dado un calambre en el pie. Joss no pudo responder tan rápido.
- Un croquipunto para el señor que se retuerce en el suelo. - dijo Leopardo, disimulando su aflicción lo mejor posible.
Joss aún no podía creer que alguien hubiera acertado esa pregunta, pero se puso serio e hizo estiramientos y calentamientos de neurona.
-Siguiente pregunta: ¿Cuántos granos de arroz tenía la paella que comió el actor norteamericano Bill Cruise en su visita a España?
- 335.986 granos de arroz. - contestó Joss.
- La respuesta es correcta. ¡Ya tenemos ganador!
- Perdone pero no es correcto. La paella tenía 54 granos más, y lo sé yo que era el cocinero. ¡Aqui hay tongo!
Las cosas empezaron a ir mal para Leopardo y su ayudante. Y tenía toda la pinta de que fuera a peor. De hecho, le estaba entrando diarrea y se contuvo como pudo. Así que una vez más tuvo que improvisar. Leopardo, con su genialidad de genio respondió a la crítica:
- Perdone caballero, mis más sinceras disculpas. Tiene usted razón. me dejé las gafas en casa. Leí mal la cifra. Perdón también a todos los espectadores. Estas cosas a veces pasan en directo.
Nadie parecía demasiado convencido, pero pensaron que el presentador era lo mas estúpido que habían visto nunca... en la tele claro.
- Sigamos con la siguiente pregunta: ¿Cúantas veces dice "estás como un queso, nena" el cantante de Operación Tufo, Memolo Yosolo en su canción "eres mi gruyère"?
- Lo dice doscientas cincuenta y tres veces.- contestó Joss (medio asqueado, por saberse la letra de la canción)
- Perfecto!!! Ahora si que hay ganador. ¡¡Felicidades!! Tuyos son los dos millones de euros, bien merecidos (y ojalá me perdones por haberte pedido semejante favor). FIn de la emisión. Hale, a casa todos. A la gente le pareció que Leopardo ardía en deseos de largarse de allí o más bien de estar consumiéndose, por la cara que ponía.
Se fue a recoger la cámara y a guardar en el maletero a los dos "extras" de las gafas de sol. Cuando volvió a por Joss con la excusa de que el dinero lo recogía en la emisora, se lo encontró rodeado por la gente del pueblo.
- Algo en tí no me gusta muchacho, se te nota distinto... no pareces de aquí. Debe ser ese grano que tienes en la frente, me da asco. - dijo uno.
- Y además...parece que tendremos que mirar más programas por tu culpa, has puesto el listón muy alto, mamarracho. Que sepas que yo me sabía las preguntas pero te me adelantaste. - dijo otro
- También yo me las sabía. - añadió un tercero.
Y así fueron ensañándose con él entre insultos y empujones.
Leopardo advirtió los problemas. Su genialidad de genio parecía no haber contado con aquel contratiempo. Al menos parecían no haberse dado cuenta de que el muchacho y él estaban compinchados y por eso había ganado.
- ¡Pongo la mano en el fuego a que el muchacho y aquél están compinchados y por eso ha ganado!- dijo un hombre, señalando a Leopardo.
- Alto ahí! - dijo Leopardo, y se estrujó el cerebro tanto como pudo. Lo suyo no era relacionarse con la gente, sino los inventos. Y prosiguió: - ¿Cuál es el décimo mandamiento que aparece en las tablas de Moisés, en la película "los diez mandamientos"?
- No codiciarás los bienes ajenos - dijo un anciano del pueblo.
- Correcto, pues ya está. El muchachito y yo nos vamos. Vosotros queréis pegarle, pero yo debo de pagarle. - dijo Leopardo y se metió entre la multitud y sacó a Joss de ahí, algo aturdido. Se subieron al ciempiés y salieron por patas, concretamete salieron por cien patas.
Se podía decir que habían salvado el trasero. Pero siendo la intención de Leopardo la de ayudar a esa gente, parecía haberlo empeorado todo. No consiguió nada. Y dándole vueltas a la cabeza llegaron al pueblo de Joss, Setas. El pueblo se llama Setas por la gran colonia y perfume de hongos que proliferan y se recrean por doquier cual parque temático. Y por fin Leopardo pudo hacer algo que le apetecía horrores desde hacia horas: ir al cuarto de baño. Con la mente más despejada consiguó inventar un nuevo aparato. La esperanza definitiva para el pueblo Sintonison. La gran Antena Idiolítica. "A grandes males, grandes remedios", pensó. Ya de noche abandonaron el pueblo de Joss, Setas, y se dirigieron a Sintonison para instalar la antena, con cuidado de que no les vieran.

Capítulo 4. ¡Anda! ¡La onda! ¡Me mondo!

Ernesto se levantó de golpe de su sueño. Era por la mañana, no muy temprano. Tras el ajetreo del concurso de la tarde anterior se durmió tarde y con la pena de no haber podido partirle la cara al ganador de los dos millones, tal y como hacía Rocky Balboa en cualquiera de sus películas. Pero por algún motivo parecía oír voces dentro de su cabeza. Muchas voces y muy confusas. ¿Qué le estaría pasando? ¿Sería como en las pelis de terror? Mientras cavilaba, asustado, reconoció una voz. La voz de una chica que decía: "Ay, Ernesto cuánto te quiero. Ojalá pudiera decírtelo a la cara". ¡Era la voz de Adelaida! La chica de la que estaba enamorado. ¿Le estaría pasando como a Mel Gibson que podía oír los pensamientos de las mujeres? Se vistió y se aseó convenientemente y fue a confesarle su amor a Adelaida. Bingo. Ella le aceptó. Fueron a pasear a la plaza y fue entonces cuando Ernesto y otros del pueblo repararon en una antena que no recordaban haber visto, situada justo al centro de la plaza. Todos los del pueblo oían voces ahora. Otro vecino, supo gracias a la antena, quién le había robado una bombilla de la lámpara de la entrada de su casa (No describiré lo que pasó después por si lo leen menores o mentes sensibles). Parecía que la gente se empezaba a "comunicar" sin mover ni la boca. Y gracias a la antena. Hacia mediodía ya había mucha gente sentada en corro alrededor de la antena, mirándose las caras pero sin decir nada. Y marujeando "sin cables" todo lo que podían y más.

- Esto es mejor que la tele - pensó alguien
- ¡Y que lo digas! - pensó otro
- Pensad más bajo por favor, que no oigo lo que piensa Martina- dijo una señora.

Leopardo y Joss permanecían escondidos mirando como se desarrollaba la trama de esta historia. Al final, con cara de abatimiento, dijo al fin:

- Menos da una piedra. Más no puedo hacer.
- Tengo hora con el peluquero hoy - dijo Joss
- Y yo tengo la sartén en el fuego, vámonos - respondió Leopardo

Dicho esto se fueron de ese pueblo para no volver jamás...Bueno no. Volvieron al cabo de cinco minutos, porque a Leopardo se le había caído la documentación por ahí. La encontró Joss:

- Qué feo sales en la foto.¡Vaya...! Así que tu verdadero nombre es...
- Trae eso para acá - dijo Leopardo, arrebatándoselo de las manos.
Joss no consiguió evitar partirse el pecho y troquelarse de la risa, y así estuvo todo el camino de vuelta a Setas.


Iwakura
07-07-2007

27 de octubre de 2008

a mi amigo Víctor F.

Amigo mío,
pincelada armónica
de gentileza
y serenidad.

Suave pellizco de tierna bondad.
Voz que acuna,
Voz que escucha.

Humilde me presento ante tí,
porque humilde me crezco
en tu pupila.

Caminas por la
estrecha calle de mi
inacabado cuadro surrealista,
alzando la vista,
llamando al balcón
de mi soledad.

Amigo y hombro,
luz palpitate,
cascabel sin cola,
sal de nuevo al horizonte,
que hoy el sol quiere verte.

14 de octubre de 2008

El paraguas más grande del mundo

Os voy a contar la historia del paraguas más grande y más espectacular jamás creado y que nunca salió en el libro Guiness por motivos que comprenderéis más adelante.

Capítulo 1. Así llovía, así, así.

Todo comienza por el principio, en un pueblecito apartado que se llama Ayquememeo. Ese pueblo siempre ha estado muy vinculado al elemento agua. Y aunque no lo ponga en los libros de texto, al planeta azul lo llaman así gracias a ese pueblo. Rodeado de lagos, ríos, embalses, fuentes... y sobretodo con la lluvia permantente que se les precipita encima toda la semana, parando solamente los domingos que caen en número impar.

Evidentemente, en Ayquememeo toda casa, edificio y hasta el ayuntamiento, tienen los cantos redondeados. realmente a la vista es un pueblo magnífico, incluso sus costumbres son pintorescas. Su especialidad en la cocina son las sopas, los platos preparados al baño María y los huevos pasados por agua.

La gente estaba acostumbrada a tanta humedad y a tanta agua, y llevaban viviendo así milenios elevados a N. Pero llegó un día que nadie esperaba, porque vino con prisa y sin avisar. Ese día, un tal Luis Paniagua, volvía de uno de sus viajes a otras ciudades. Era el único habitante del pueblo al que le gustaba viajar, y de hecho su empleo consistía en eso, en comprar y vender productos de fuera de su pueblo. Contó maravillas de otros pueblos que había visitado. Por ejemplo el pueblo de las costureras, un sitio tranquilo y agradable en el que en la medida de lo posible, se construía todo mediante hilos de lana y seda. Casas, carros, hasta los botes de la mermelada de arándanos y mora estaban fabricados con hilos.

Pero cuando la gente de Ayquememeo se descontroló y empezó a gritar y a abuchear todo lo abucheable, fué cuando Luis Paniagua les contó sobre un pueblo llamado Metorroalsol. Un lugar costero y con playa en el que los habitantes estaban morenos todo el año, vestían siempre en bañador y llevaban gafas de sol incluso de noche. Todo ello les daba un aspecto "guay". Allí comían frutos secos, saladitos y cortezas de cerdo. Aquella historia fue el desencadenante de los acontecimientos que iban a acontecer.

A la mañana siguiente, reunidos frente al ayuntamiento del pueblo se manifestaron. Y con pancartas mojadas de toda el agua que estaba cayendo hacia abajo por la lluvia, cantaban a coro: ¡Queremos más sequedad, que no somos pañales! y también: ¡Alcalde! ¡Te vamos a dejar seco! El alcalde que hasta hacía un rato no sabía ni de qué iba el tema y que se lo advirtió un amigo de confianza, salió al balcón del edificio. Y habló:

- ¿De que os quejáis? ¿Acaso no sois felices? Tenemos grandes cosas en este pueblo. Nuestros lagos y ríos están llenos de deliciosos peces. Nuestra agua de manantial es la mejor de todo el país y....

En ese momento le interrumpió uno:

- El agua es para los patos... ¡Nosotros queremos alcohol!
- ¡Si! Y estar bronceados - dijo otro.
- Alcalde, te damos un mes para solucionar esta situación, sino... tomaremos medidas - dijo una mujer blandiendo un puntiagudo paraguas.

El alcalde volvió a retomar la palabra, en cuanto pudo coordinar su mandíbula:

- No lo entiendo...viviendo en casas tan redonditas, ¿cómo podéis ser tan cuadriculados? Sólo os puedo decir esto. Las cosas son como son. Ni bien ni mal. Lo que pedís está fuera del alcance de la lógica y de lo posible. No habría que interrumpir el curso natural de las cosas si están yendo bien.
- ¿Cómo van a estar yendo bien, sino podemos controlarlo todo? Yo quiero poder elegir qué gafas de sol me pongo cada día.
- Recuérdalo... te damos un mes. Adiós. - dijo el último en hablar y el primero y único en despedirse.

El alcalde estaba en un aprieto, así que fue al baño. Cuando volvió tenía las ideas más claras y halló la solución. No compartía para nada la visión alarmista de sus ciudadanos, pero ahora temía por su vida. Se fue a hablar con un inventor que había en el pueblo. Era un hombre muy curioso, se hacía llamar a sí mismo Leopardo DaVinci, y nadíe sabía su verdadero nombre. Tal enigmático personaje ya había hecho otras veces grandes cosas por el pueblo. Sus inventos habían revolucionado las vidas de los habitantes, aunque nadie excepto el alcalde se lo había agradecido nunca. Una vez inventó una lavadora que funcionaba con la corriente de un río, como si fuera un molino, y que gracias a una serie de engranajes, poleas y mecanismos, que tenían al final un gran Paipai, conseguía hacer también funcionar de secadora (eso es relativo, de tanta humedad que había).


Capítulo 2. Esperanza mas allá de las nubes.

El alcalde fue a hablar con el inventor a su casa y la conversación con Leopardo DaVinci fue... extraña:

- ¿Me permite la visita? Soy Aguado Campoamor, el alcalde.
- ¿Como puedo estar seguro? ¿puedo ver su cuenta corriente? Déjelo... es broma.
- Lo siento mucho, es que hoy no estoy para bromas. Tengo un problema muy serio. - Contestó el alcalde tremendamente y seriamente serio.
- Me lo imagino, sé porque ha venido a verme....¿Usted me ama, verdad? Lo siento, pero no funcionaría. Es broma... lo de que no funcionaría.
- Iré al grano -Dijo el alcalde rascándose un ídem- Necesito que me encuentre una solución para que la gente del pueblo esté morena y más seca, y a ver si con eso evitamos que me maten.
- Debe saber, que el asunto es complicado. Me he dejado la cabeza en casa y pienso con los pies, pese a estar en casa. ¿Le apetece un poco de Gruyere? -Dijo bromeando Leopardo
- No gracias, bastantes agujeros tendrá mi corazón si esto acaba mal. Por favor... necesito su ayuda.
- Está bien, le ayudare, y con mucho gusto. ¿Que tal si en lugar de cobrarle mi invento se lo regalo en navidad?
- ¡Pero si aún faltan tres meses para navidad!
- Si se pone en ese plan no le felicito y además le cobro el invento. - dijo Leopardo, y tras una breve pausa se le encendió la calva y prosiguió hablando- Ya lo tengo. Le fabricaré un Paraguas Solar. Será mi mayor invento hasta la fecha, pero necesitaré colaboración y fondos.
- Todo lo que quiera, puede pedírmelo. Pero dígame.. en qué consiste exactamente.
- De acuerdo. Será un paraguas gigante, que abarque todo el pueblo, impedirá que la lluvia pase por él y la convertirá en energía solar, proyectada hacia abajo. Será siempre de día y la gente podrá incluso dormir a la intemperie.
- ¡Excelente idea! Dése mucha prisa por favor, como si le fuera la vida en ello.
- Sólo a usted le va la vida en ello, pero seré veloz, no se preocupe, aunque le advierto que no lo considero buena idea, porque me pica la nariz tan solo de pensarlo. Duerma tranquilo, amigo, pero revise bajo la cama, no vayan a haber monstruos debajo.
- Muchisimas gracias. Buenas tardes tenga usted.
- De nada. Buenos días y que se mejore. Cuidado con el colesterol. Déjelo...es broma.

Y así fue como Leopardo se puso en marcha para fabricar el paraguas más grande jamás creado. Ayudado por varios funcionarios del alcalde y por pequeños rayos de sol que se habían quedado atrapados entre las rocas los domingos que no llovía, el invento empezó a tomar forma. Con los rayos de sol y algas que encontraron en los lagos consiguieron tejer un hilo verdiazul con toques amarillos. Lo enrollaron en una gran bovina, o sea, una gran vaca que tenían en el pueblo y que les sirvió para cargar con él. La parte siguiente del proceso se desarrolló en el pueblo de las costureras. Leopardo las convenció para que tejieran una gran tela impermeable con todo aquel hilo solar. Había pasado una semana desde entonces, y las costureras tardarían casi dos semanas. El tiempo pasaba. Leopardo lo sabía, y el alcalde lo sabía todavía más. Por eso no dejaba de mirar el reloj cada media hora por si habían pasado cinco minutos. Cuando la tela estuvo lista, Leopardo DaVinci, con 2 chicles y 3 barras de pan enganchó la tela y construyó un ala delta improvisada. Y allá que se fueron volando Leopardo, la vaca y dos funcionarios para así llegar antes a Ayquememeo, de hecho les interesaba llegar pronto, porque se meaban. A la bovina eso no le importó y regó los campos desde las alturas.


Capítulo 3. Tocados del ala.

Les faltaba muy poco para llegar ya al pueblo, surcando los cielos. Pero un mosquito despistado, bicéfalo y medio tuerto de medio ojo se espampó contra el ala delta, haciendo que perdieran el equilibrio y el café que intentaba tomarse Leopardo. Los funcionarios, que se habían vestido de azafatas de vuelo para la ocasión, gritaron a dúo: ¡¡Que nos la pegamoooooooos!! Pero no fue así, el chicle era bastante fuerte y aguantó bien el viaje. Forcejearon un poco con el viento y le echaron un pulso de pulgar. Lo sorprendente es que ganó la vaca y así prosiguieron tranquilos con su viaje, que ya estaba llegando a su fin.

Aterrizaron sobre un pequeño claro que había cerca de las afueras. Aguado Campoamor salió a recibirles. La vaca se comió el sombrero que llevaba el alcalde, pero eso es lo de menos. Faltaban 5 días para que los pueblerinos se tomaran la justicia por su mano, así que debían darse prisa en montar aquel paraguas gigante. Después de un descanso de 2 horas, retomaron el trabajo y colocaron todos los postes necesarios para tensar el paraguas. Era un mástil enorme, que salía desde el ayuntamiento y otros 6 mástiles más finos colocados alrededor. El montaje de la tela sobre los mástiles fue todo un espectáculo. Recorrían las calles con la tela sobre las cabezas, sin ver ni torta. Y aun así consiguieron llegar a los respectivos mástiles. En 4 días estuvo finalizado el paraguas, y al siguiente lo inauguraron.

- Ciudadanos míos - Empezó el alcalde - He cumplido mi promesa. Queríais una solución y aquí la tenéis. Este paraguas gigante os protegerá de la lluvia, y os bronceará. Podréis vestir siempre ropa seca, y comer frutos secos. Ni siquiera llorareis al estar tristes, porque ya se acabó la humedad en este pueblo. Espero que vaya todo bien a partir de ahora. Disfrutadlo.
- ¡Bieeen! gritaron muchos
- ¡Hurra! gritaron otros
- ¡Queremos un hijo tuyo! gritó Ernesta, la loca del pueblo. (Sí, en todos los pueblos hay al menos un loco)

Pasaron los días. La gente del pueblo estaba contenta. Podían hacer todo aquello que había visto y les había contado Luis Paniagua, y aun así seguían teniendo buena pesca en el río, ya que hasta ahí ya no llegaba el paraguas. Los niños se acostumbraron pronto al cambio, y cuando querían fastidiar a algún otro niño, en lugar de llamarle "cuatroojos" o "tontolculo" lo ataban y lo dejaban justo donde terminaba el paraguas y empezaba la lluvia. Y podía pasar así un día entero hasta que sus padres, demasiado preocupados en broncearse uniformemente se daban cuenta de que les faltaba algo: su hijo.

El alcalde, además de pagar bien a Leopardo, hizo que le construyeran un monumento en la plaza del pueblo. Pero Leopardo no parecía del todo contento, de hecho su expresión de malas pulgas indicaba todo lo contrario. Sabía que algo fallaba en todo esto.

Capítulo 4. Los domingos al sol.

Pasó. ¿Y que pasó? Los primeros problemas. Y es que cuando se juega a ser Dios te la dan con queso y sin pan ni nada. Un grupo de chavales jóvenes se presentó ante la puerta del ayuntamiento, y llevaban botellas de cerveza en la mano.

- ¡Alcalde! ¡Dá la cara! ¡Baja aquí si tienes agallas! Queremos que nos devuelvas nuestras noches.

El alcalde salió a regañadientes al balcón y en pijama, le habían pillado durmiendo: - ¿Que queréis ahora? Son las 2 de la madrugada. necesito descansar que mañana me levanto temprano.
- Justamente eso, son las 2 de la madrugada y es de día. ¿Así como quieres que hagamos el botellón? Sino es de noche pierde su encanto. Ni siquiera tendremos resaca por la mañana, porque nunca es por la mañana.
- ¿Y por que no simplemente dejáis de hacer botellón y me dejáis dormir?
- No te pases de listo alcalde que te caneamos. Aquí el menda es un artista en afeitar sin espuma... y mi navaja es muy afilada.

Al alcalde se le fue el sueño de golpe. Les acabó diciendo que pensaría en la solución, que no se preocupasen, y se fue otra vez a (intentar) dormir. Cabe decir que no lo consiguió. No dejó de dar vueltas por la cama y por la alfombra en toda la "noche". Cuando dieron las 8 de la "mañana", se le presentó allí un grupo de chicas jóvenes.

- ¡Alcalde! Queremos una explicación. ¿Cómo puede usted consentir esto?
- ¿Qué pasa ahora? - Gruñó el alcalde
- Mire a estas chicas, y ahora mírenos a nosotras- dijo una habiéndose separado en dos el grupo de chicas.
- Vale... ¿que hay que ver?
- Ellas están más morenas que nosotras. Nos hemos dado cuenta que eso es porque viven 2 calles mas hacia fuera que yo y mis vecinas. No es justo que el bronceado afecte más a unas personas que a otras. Queremos igualdad. Si no pones remedio a esto te colgaremos del mástil central.
- De acuerdo. Buscaré una solución. No os preocupeis. (Ya me preocupo yo por vosotras, pensó Aguado).

Tenía el alcalde un montón de quehaceres, pero abandonó la idea de trabajar de tan cansado que estaba y se limitó a quedarse sentado en el sofá de su despacho. Y tan sólo una hora después volvieron a solicitar su presencia. Esta vez era un grupo de marujonas con rulos.

- ¡Alcalde! Tienes que hacer algo. ¿Has visto los precios de las gafas de la tienda de Enrique Nomeveo?
- Pues no, mire, no me interesan las gafas ahora mismo.
- Pues es el único tendero que vende gafas de sol... y ha subido el precio. ¡200 euros por unas gafas de mala calidad! ¡Es un completo sablazo!
- ¿Y qué es lo que quiere que haga yo? Es su negocio.
- Regale tres pares de gafas a cada habitante y seremos felices. De lo contrario el infeliz lo serás tu, te costará masticar sin dientes.
- De acuerdo, ya me encargo yo del tema. Iros tranquilas.

El alcalde intentó pensar con calma. No lo consiguió. Fue a prepararse una tila. No tenía. Intentó hablar con su amigo y consejero. Le había dado vacaciones dos días antes. Quiso jugar a los dardos para relajarse. Se pinchó. Intentó curarse con agua oxigenada. Se había evaporado. Al final se curó con saliva y se enredó un esparadrapo. Desesperado, fue a hablar con Leopardo, para pedirle consejo a él.

Cuando llegó a la casa del inventor y se paró delante de su puerta. No pudo evitar una carcajada. Y luego otra. Y otra. Y así hasta que parecía que se había vuelto completamente loco. Esa reacción fue al ver que en la puerta de la casa de Leopardo rezaba el cartel: "Estoy en el Caribe".
En un momento en el que parecía que se había calmado un poco, vió acercarse a un grupo de personas, con cara de pocos amigos, aunque no es del todo cierto, porque entre ellos si que eran muy amigos, y estaban allí por los mismos motivos.

- La piscina de mi chalet se evapora enseguida - dijo uno.
- Mi perro se ahoga con este calor - dijo otro.
- !Hoy casi me atraganto con un cacahuete! - dijo uno más, y añadió.. - y la culpa la tienes tú, alcalde.
- Aunque vamos todo el día en bañador no tenemos un cuerpo escultural como los del pueblo Metorroalsol, tienes que hacer algo ya.

El sufrido alcalde, una vez más perdió toda su energía y parecía que se le iba a escapar el alma por la boca. Pero algo inesperado sucedió. Empezaron a caer unas cuantas gotas por aquí, luego por allá y progresivamente, de punta a punta toda la tela del paraguas fue cayéndose al suelo, permitiendo al agua llover. Era cosa de Luis Paniagua, que indignado y sintiéndose culpable por todo lo que estaba pasando decidió poner fin a toda la farsa del mundo perfecto. Y de paso ayudar a que sobreviva el alcalde. En cuestión de minutos desgarró, tiró y descolgó toda la tela del paraguas gigante, que quedó inservible. Los pueblerinos que se iban dirigiendo a él entre abucheos y gritos no pudieron hacer nada por evitarlo. Cuando por fin se acercaron suficiente como para decirle de todo menos guapo, abalanzándose sobre él, Luis se adelantó y tomó la palabra.

- ¡Basta ya! ¿Es que no os dáis cuenta? Esto era una locura desde el principio. No llueve a gusto de todos, nunca mejor dicho. Desde hace tiempo que no os conformáis con nada y todo os parece mal. Sol y no sol. Moreno y no moreno. Yo recuerdo este pueblo como un lugar tranquilo, y desde que conté aquella historia del pueblo Metorroalsol no habéis hecho más que disgustaros a vosotros mismos y amenazar al alcalde, que se desvive por vosotros. Y por lo que veo ya nunca será el mismo. ¿Por qué no intentáis recordar la vida que llevabáis antes? ¿En serio os faltaba algo? Y perdón que me ponga tan plasta, pero es que un pueblo así me da vergüenza ajena, y sé lo que digo porque he viajado más que ninguno de vosotros. Así pues, ayudadme a retirar también los mástiles y a vivir apaciblemente como siempre había sido.

Los habitantes se habían quedado bastante parados. No sabían que responder a eso. Por más que lo intentaban, no tenían palabras para contradecirle. Ni animo. Ni saliva. Al menos la lluvia que caía desde hacía unos minutos les estaba refrescando las ideas. Se les fue la furia. Ayudaron al alcalde a ir hasta casa y le arroparon. Ese día muchos lloraron por lo que habían hecho... y por lo que podrían haber llegado a hacer.

Ahora creo que ya queda más claro el porque nunca aparecerá en el libro Guiness el paraguas de Ayquememeo por muy grande que pudiera ser. Así que el único beneficiado en todo este asunto fue Leopardo, que con el dineral que había cobrado, aun le quedaban dos semanas de vacaciones y ahora estaba en las islas Caimán, con la vaca, todo sea dicho. Cuando volvieron, se alegró de ver que el paraguas ya no estaba, y todo volvía a la normalidad. Esa noche, cenó un huevo pasado por agua, y durmió más tranquilo que nunca.

Iwakura
17-03-2007

7 de octubre de 2008


Todo da vueltas y vueltas, noto como se forman imagenes y la cabeza me hierve... debe ser una señal... la señal de que la cabeza me da vueltas y vueltas y se forman imagenes y me hierve.

6 de octubre de 2008

La voz


Soy la voz del triste amanecer.
Largos ecos quedaron tras de mi.
Imperturbable, la nevada de cenizas
revolotea con muecas de burla.
Muecas que desordenan, aplastan
y hieren a conciencia.

La tibia esfera que cruza
los pesares del desconcierto
hace mella en mi voz, ya débil.
Y acentúa con fiereza la gravedad
que empuja mi sonido hasta ahogarlo
en el silencio más profundo.

Soy la voz que vive
de otros tiempos.
Sellada está mi alma
en seis paredes,
gobernadas por tres puertas,
defendidas por cuatro fieras:

Cromardile,
el lagarto de tres cabezas,
poseedor de la fuerza,
el coraje y la locura

Inupotchi,
el can gigante
protector del amor
y adalid de la paciencia.

Uniphiljë,
la bestia de las mil puas,
celosa de su alma
y fiel defensora.

Savarasty,
la grandiosa ave,
portadora de la sabiduría
y traedora de esperanza.

Soy la voz que dice
que el viento duerme.
La que dice que grano a grano
se va deshaciendo
el tiempo de la realidad.
La que implora a las fuerzas cósmicas
una nueva polaridad.
Esa energía que mana y brota
de los más remotos confines
y hace que el viento fluya de nuevo.
Y con su lluvia barra
la costra endurecida de pesadillas.

Iwakura
06-10-08

28 de septiembre de 2008

Alegoría del destino




La mañana primaveral llegó a la ciudad de Burgos cargada de rayos de sol que se colaron caprichosamente por las ventanas del ático. El estudio con paredes verdes se iluminó, olvidándose por unas horas del fantasmal aspecto que lo recubre en el ocaso con las espeluznantes sombras proyectadas de esculturas a medio hacer.

- Juan Carlos, estás ahí?
- Sí cariño. Ahora bajo.
La escalera de caracol metálica que le separaba de su esposa Isabel chirriaba con cada paso del artista.
- Tienes que hacer algo con esa maldita escalera, me da dentera de oirla.
- Ya lo sé... ¿Pero cuando?
- Basta con que fijes una fecha y la cumplas.
- Ya sabes lo que eso supone, con todo el polvo que se levantaría, se podrían dañar mis cuadros.
- Tú si que eres un cuadro. Anda ayúdame a guardar todo esto en la nevera. Mira, te he traido helados de stratiacella con caramelo.
- Gracias cielo. ¿Te preparo un café?
- Si no es molestia para tan ilustre persona...
- Menos cachondeo.
El aroma del café inundó la cocina. El filtro de la cafetera todavía humeaba cuando Isabel soltó una carcajada de pronto.
- Isa, por favor, confírmame que no tengo que llevarte todavía al psiquiátrico.
- Aún te quedan años de soportarme, Don Juan.
- Sarna con gusto no pica, dicen. Y ahora explícame qué es eso tan gracioso que me ha hecho saltar de la silla.
- Es que me acabo de acordar...He comprado tres periódicos distintos en los que aparecen críticas del cuadro que dejaste en la galería de arte. ¿Te las leo?
- Vale, pero con esa entonación tan cómica que sólo tú sabes poner.
Isabel soltó una risita que impregnó el ambiente de dulzura.
- Te leo lo que escribe Ignacio Salas:
"El cuadro de Juan Carlos Soto titulado Alegoría del destino, nos habla de la vida, de la belleza de los paisajes rurales, con frondosos árboles regados por riachuelos y adornado con prados de ensueño, en una abstracción de líneas marrones. Las pinceladas blancas nos simbolizan la claridad del cielo de los pueblos, exentos de la contaminación de las ciudades. Las manchas verdes nos indican el ciclo de la vida y la belleza que éste representa."
Espera que ahora te leo la de Marcos Campos. Dice: "Alegoría del destino es una exaltación de la hermosura femenina, mostrándonos mediante líneas y manchas de color un desnudo de mujer, en el que aparece tumbada en una cama con colcha de terciopelo verde, en una habitación luminosa, casi etérea. Tiene un marcado carácter erótico y casi místico a la vez. Lo compararía con la Maja Desnuda de Goya pero en ámbito abstracto".
¿Sigo? Ésta es de Luis Valverde, en el suplemento de cultura: "Este cuadro es a todas luces una crítica de la sociedad actual y de la maldad inherente del hombre. Nos muestra mediante unas pinceladas expresivas, con fuerza, la violencia desatada y enloquecida de individuos matándose entre sí, quizá por envidias y odio. El autor ha querido protestar así contra el mundo que nos espera en un futuro cercano".
Por un momento se hizo el silencio. El humo de la cafetera había dejado de hacerles compañía.
- Alucinante ¿Verdad? ¿Piensas ir a la entrevista que quieren hacerte los de la tele?
- Diré que estoy saturado de trabajo en este momento, que quizá en otra ocasión. Además...mejor no les digo que el cuadro lo copié del cadaver aplastado de una cucaracha en la pared de mi estudio.
- No cielo, mejor que no.


Iwakura
09-06-08

10 de septiembre de 2008

El Sol Tuerca


1. La paloma mensajera.

-¡Maldita sea!- fué lo único que pensó el viejo James cuando vió como una paloma hizo sus necesidades en el balcón del antro en el que residía. Sin darle mayor importancia la espantó y volvió a sentarse en un mohoso sillón a seguir oyendo la radio. Pero en esta historia tiene mas importancia la paloma, que el viejo James. Así que os adelanto que no lo volveré a nombrar.

La paloma siguió revoloteando, alegre, por entre aquel amasijo oscuro de cemento y vigas de metal al que los ciudadanos llaman "la ciudad dormida". Esta ciudad era mas bien parecida a un túnel cilíndrico excavado bajo tierra y atravesado por grandes barras de acero. Las viviendas, por llamar de alguna manera a las tristes construcciones que hacían de hogar, plagiaban con poca suerte a las celdas de un panal de miel. Estaban repartidas por toda la pared de aquel cilindro. Y aunque había iluminación artificial, el conjunto era tan luminoso como como lo pueden ser las linternas de cuatro niños y dos niñas buscando fantasmas en una mansión abandonada y con las pilas a medias.

Los Astronautas acababan de abrir la compuerta gigante que hacía de sol. Los ciudadanos llamaban Astronautas a los simples operarios que para ganarse un bocadillo de paté de pato abrían la compuerta todos los días, cinco minutos al día.
En cuanto empezó a sonar el horrible mecanismo de apertura, Elaine soltó lo que tenía entre las manos (los cabellos que le había arrancado a su hermano mayor) y salió corriendo hacia el minúsculo balcón. El sol tuerca era ni mas ni menos que la tapa de ese horrible agujero que habitaban. Esa compuerta tenía forma de tuerca, y era la única esperanza para los habitantes, que se agolpaban para ver los pocos rayos de sol de mediodía que disfrutaban apenas unos minutos de cada 24 horas.

La tez blanca de Elaine se ponía de acuerdo con las piernas todos los días, para ir al balcón y ver la luz del sol. Elaine solo tenía 9 años, pero era muy espabilada. Aún lo parecía más comparada con el resto de niños de la ciudad.
Allí cualquier habitante al que te parases a observar tenía un aire rancio y mirada perdida. Ella se sentía muy sola, su familia no le prestaba atención y los juegos a los que jugaban los demás niños eran tan divertidos como rascarse la espalda.

Aquel día, bajó desde la superficie una paloma blanca y marrón con manchitas azules en el pico y unos ojos por los que se veía el firmamento. Después de deambular un poco por la ciudad, bajó hasta el piso 45-E, donde estaba Elaine, que contemplaba con atención la salida del sol tuerca. En cuanto vio a la paloma se lanzó a acariciarla y ésta de dejó acariciar por cada uno de los cinco dedos de la mano derecha que está al final del brazo de Elaine. Se quedaron así durante un buen rato, incluso después de que se cerrara el sol. Intentó esconder la paloma como pudo de las miradas de sus padres y su hermano. Sabía que la castigarían sin ver el sol si encontraban a la paloma, y a la paloma la castigarían sin ver otra cosa que el fondo del puchero.


2. Elaine y las ansias de volar.

Elaine le cogió cariño a la paloma enseguida, ya sea porque era simpática, o por tener alas o por haberle puesto nombre. La llamó Linda. La paloma parecía estar muy a gusto con Elaine, y le ofrecía miradas inteligentes. La paloma parecía como si quisiera hablar, como si tuviera algo importante que decirle, y no era para pedir el desayuno, que eso ya se lo había ofrecido Elaine. La niña llegó a la conclusión de que había algo más aparte de su ciudad. Que aun quedaban en la superficie cosas que merecieran la pena dedicarles una mirada, un poema o algún algo. Y de aquel lugar habría venido Linda.

En la ciudad dormida habían muy pocos animales, y eran todos de criadero subterráneo, listos para matarlos y ser consumidos.
La historia de esa ciudad es transmitida por radio a los ciudadanos. Pero la versión real es algo así: Después de la gran guerra no quedó casi nada en la superficie del planeta, surgieron ciudades hacia abajo, y se metieron allí todos, como lo haría la cabeza de una avestruz. Esas ciudades estaban dispersas, y no tenían contacto unas con otras, pasó el tiempo y nunca salían a tierra firme. El alcalde ya se encargaba de mantener aislado ese subsuelo de cualquier otra cosa. Y aunque por fuera aparentaba ser un hombre más duro que el pan de tres días, en su intimidad era un cobarde, que tenía pesadillas todas las noches. Soñaba que se caía de la cama pero hacia arriba y era absorbido por soles tuerca extraterrestres. La gente no parecía estar disgustada con las decisiones del alcalde, pero nadie era feliz.
Elaine podría ser el máximo exponente de felicidad que pudiera encontrarse en semejante tugurio. ¿Por que? Porque su fantasía la transportaba hasta la superficie, incluso mas allá, surcando el cielo, que una vez le había descrito su abuelo, la única persona con la cabeza en su sitio que pudo conocer, hasta que dejó de moverse un día. En esos viajes podía ver flora y fauna que no conocía y gente con color de piel saludable e incluso lluvias de ranas.

Hacía ya una semana desde que llegó Linda cuando decidió que ella tenía que salir fuera. Estaba convencida de que había algo más que lo que decía el alcalde o incluso esas personas con pies y estómago que se hacían llamar padres. La cabeza peluda del hermano merecía la misma atención puesto que no tenía muchas luces, menos incluso que las que tenía la ciudad.
Elaine cogió un pequeño zurrón, en el que solo cabría una paloma y un trozo de pan, pero hizo fuerza para embutir también un marquito con la foto de su abuelo. Se decidió a subir a lo alto. Sabría que no sería fácil y que tendría que despistar a los guardias del alcalde y a los astronautas. Miró antes de irse el mapa de la ciudad y y el mapa de la ciudad se sonrojó. La parte transitable de la ciudad era tan sólo, el suelo, muchos metros hacia abajo y los puentes y escaleras que cruzaban de parte a parte aquel cilindro claustrofóbico. La suerte que tuvo Elaine es que su padre fue un día astronauta, y sabía que habían caminos secretos que llevaban hasta arriba. No le pudo regalar el firmamento, pero al menos es un valioso conocimiento.

Estando ya de camino vio gente andando por los puentes y se tapó la cara con la capucha negra que llevaba. No parecieron prestarle atención, andaban lentamente y mirando fijamente a la nada. Elaine se puso un poco nerviosa al acercarse a la parte alta de la ciudad, en dónde vivían las personas más ricas. Tenían balcones más grandes, con más sol, y comían mejor que los demás. Aun así el aspecto que tenían era también depresivo, tanto era así que si alguno se miraba al espejo más de media hora, se moría de pena. Como ya he mencionado, la única que podía tener algo de alegría en el corazón era Elaine, pero ahora ese sentimiento era confuso por los nervios y la emoción de la aventura. El corazón lo tenía tan acelerado que se agarró el pecho para evitar que saliese disparado hacia arriba, dejándola a ella atrás. Se lo imaginó saltando, sonriente, despidiéndose de ella. Ésta visión le hizo gracia y se le escapó una risita. Todo estaba en silencio. Si alguien la había oído estaba perdida. Se escondió donde Pudo. Pudo era un amigo suyo, que vivía arriba y a veces se escondía por esa zona, cuando sus padres pensaban azotarle. El escondite consistía en unas cajas de madera apiladas y vacías, que habían abandonado entre dos tuberías. Apestaban un poco porque en su día había contenido pescado. Pero no era pescado pescado, sino de una piscifactoría que se hallaba en el fondo. En el rato que Elaine estuvo sin moverse en su oloroso escondite oyó como pasaban unos guardias del alcalde por ahí. Por la conversación parecía que sabían que había una niña suelta por esa zona, y que probablemente tenía la rabia.

Pensó que debía darse prisa, y en cuanto los vio alejarse apresuró su marcha. Ya no le quedaba mucho por llegar. El problema es que cuando por fin se encontró en la parte más elevada estaba plagada de Astronautas. Su trabajo no solo consistía en abrir el sol tuerca todos los días. Hacían mediciones del estado de la ciudad y recogían datos del cielo que había inmediatamente encima de ellos. Aquel recinto, con grandes aberturas por los lados, parecía un frisbee de dos pisos con el que soñaría cualquier perro para que le lanzara su dueño. Pero de ser así se quedaría sin dientes dado que este disco era de acero. Los astronautas soñaban también con el frisbee, pero eran pesadillas en las que los aspiraba hacia la superficie y morían asfixiados. Desde esa estancia podía llegarse a un gran portón por el que podía subir arriba a la intemperie. Elaine se escondió detrás de la puerta por la que se accedía a esa sala y tiró un trozo del pan que se había guardado. Los Astronautas lo oyeron caer al suelo y fueron allí a mirar. Mientras discutían si era un regalo de dios, o si el diablo les quería tender una trampa, ella se alejó de allí rumbo hacía el portón. Había una alta escalera inclinada, la subió rápidamente y vio que tan solo había allí un hombre. Atareado con unos botones y mediciones que tenía una de las paredes. Elaine no sabía que hacer, pero la paloma sí. Asomó la cabeza por el zurrón y después de la aprobación acariciada de Elaine, revoloteó alrededor de aquel hombre, que de miedo y desesperación cayó por las escaleras. Aquel Astronauta vio las estrellas ese día. Elaine tan sólo tenía que abrir una escotilla haciendo girar una gran manivela. Pero estaba cerrada tan fuerte que no pudo. No pudo sin Pudo, pero su amigo la había visto subir y la había seguido. Consiguieron abrirla entre los dos. Elaine le contó un poco lo que pasaba. Pudo escuchó lo que ella decía mientras se sonaba los mocos con la manga y al final le dijo: - Ten suerte... y vuelve.. algún día...-
Elaine subió y Pudo se alejó, con lágrimas en los ojos.


3. Spock

Aún había luz. Era por la tarde. El sol le regaló un guiño por entre las nubes. Las nubes le regalaron unas gotitas de lluvia fresquitas. Elaine decidió regalar a Linda el resto del pan, y ésta agradecida le dedicó un alegre revoloteo por el aire, como una bailarina de ballet con un tutú blanco y marrón y un antifaz azul. Después marchó corriendo hacia el horizonte, en donde veía algo que no reconocía. Parecía algo así como platos de pasta italiana encima de palos de escoba atados a sillas de cuatro patas. Cuando se acercó más distinguió edificios, encima de esos platos. Era una ciudad en la altura. De repente vió algo acercarse por el cielo a toda velocidad, era un helicóptero, pero Elaine nunca había visto uno. Tenía las aspas pintadas de amarillo y el exterior tenía un motivo atigrado. La niña se quedó parada en el sitio, perpleja hasta que el helicóptero aterrizó. De él salió un hombre muy guapo y muy listo, que se llamaba Spock. Tampoco Elaine había visto a alguien semejante. Con la piel morena, gafas oscuras y pose gallarda. Elaine le indicó el agujero del que provenía. Spock afirmó: - ya veo...- y la llevó volando hasta la ciudad que parecía pasta italiana. Esa ciudad tenía un aire fresco (más que el que pudiera respirarse a ras de tierra o debajo de ella) allí crecían árboles bajo la luz del sol y lo que a la niña le parecían desde lejos espaguetis eran en realidad conductos por los que pasaba el metro público. Parecía estar todo bien organizado y la gente tenía un aspecto saludable.

A Elaine la dejaron en un hospital, para que pudiera tranquilizarse y recobrarse un poco. Mientras Spock hablaba por teléfono con habilidad suprema para conversar con un montón de gente a la vez. Se decidió ir a la Ciudad Dormida y sacar de allí a todos los habitantes para transportarlos a varias de las ciudades "pasta italiana" que pueblan el mundo. El Alcalde no pudo ocultar su frustración, puesto que fuera de esa ciudad, no tenia poder, tan solo era una persona más, con su cabeza, manos y piernas. Spock era muy inteligente y intuía que aún quedaban ciudades como esa ocultas bajo tierra, por eso hacía viajes de inspección a diario, por que le gustaba su trabajo y poder ayudar a las personas, garantizándoles un futuro mejor.

Y ya está hijos míos, es la cuarta vez que os cuento para dormir la historia de cómo encontré a vuestra madrina Elaine. Es tarde y mañana tendré que hacer otra inspección con mi flamante helicóptero atigrado. Quién sabe lo que me pueda encontrar. Y tranquilos, que a la vuelta os lo cuento todo. Que tengáis felices sueños. Os quiero.


Epílogo

La paloma pertenecía a Spock y originalmente se llamaba Paloma. Elaine se encontró con Pudo, unas semanas mas tarde, y Pudo se sintió feliz. Hasta se le olvidó la mala costumbre de sonarse con la manga. Una familia adoptó a los dos niños, que empezaron a ir a clase y aprendieron a respirar, a jugar, y a contemplar el maravilloso cielo estrellado mientras comían helados de vainilla y chocolate con barquillos, menos Pudo, que los quería sin barquillo.
La luminosidad exacta de la ciudad dormida, medida en luxes, la desconocemos, porque no sabemos cuántas linternas llevaban los niños en cada mano.


Iwakura
30-12-2006

9 de septiembre de 2008

La pesada carta



CAPÍTULO UNO

Habian discutido. Fue una tonteria. Julia insistía en que habian quedado a las siete y veinte, Edu se defendía con que ella le dijo: a las seis, vente y estuvo esperándola más de una hora, hasta que se marchó enfadado. Ninguno tenía cobertura.

Cuando consiguieron hablar por fin, ya daban más de las diez. Pero eso era relativo, puesto que la hora no la "daban", y les iba a pasar la factura muy pronto.

En media hora Julia mandó a Edu a freír espárragos. Y justo eso fue lo que se hizo Edu para cenar, pero se le quemaron. Entonces comió una triste manzana después de lavarla con lagrimas. Así era el mosqueo de ella, así de sensible era él, y así de reluciente quedó la manzana.

Como era viernes decidió ir al pueblo para relajarse, puesto que el pueblo no acudiría a él. Cogió el coche, luego lo soltó porque pesaba, y acto seguido entró en él con cara de velocidad.

Era una hora de viaje hasta el pueblo, pero se le hizo eterno dadas las circunstancias. Cuando llegó a aquel silencioso cúmulo de casuchas, sólo le recibieron dos gatos, una cucaracha y cien mosquitos, los cuales tenían planes para con él esa misma noche.

Al día siguiente se despertó peor que mal, si es que llegó a dormir. Después de desayunar una madalena mas dura que una piedra, y que le hizo morderse la lengua, pensó aquello de:
- Ya no me puede ir peor.
Y suceció. Sucedió que con un gran estruendo de cristales y madera y cráneo, le entró por la ventana de la planta baja medio cuerpo del cartero.

-¡Que buena idea!¡ Le escribiré una carta a Julia!- Dijo al ver al desmayado y anciano cartero. Al pobre hombre se le había descontrolado la bicicleta y no consiguió impedir el accidente.

Le sacó de ahí, le curó las heridas y le invitó a una madalena del jurásico que el pobre hombre no pudo masticar. Avisó por teléfono del accidente de Antonio el cartero y un suplente recogió las cartas allí mismo.

Le indicó a Antonio donde podia echarse a descansar y estirar las arrugas de la frente. Mientras el sufrido cartero se quedó en la cama, Edu escribía una carta de amor. La carta más pesada que haya escrito nadie jamás. Tan sólo eran tres folios a doble cara, pero iban muy cargados de sentimientos.
Quería reconciliarse con Julia y puso en cada palabra su corazón, sus neuronas, sus lacrimales y sus nervios nerviosos. Todo ello sin olvidarse de los puntos de las íes y de los rabitos de las jotas, porque como todos sabemos... una jota sin rabito es poco más que una "i". Cuando terminó de escribir fue al cuarto donde había dejado a Antonio. Se lo encontró tumbado pero despierto, a punto de levantarse. Se encontraba mucho mejor y al ver la carta en la mano de Edu preguntó por ella. Entonces se ofreció a llevarla a correos.

Después de verificar que la bicicleta funcionaba le dió las gracias a Edu y se despidió de él.
Edu esperaría pacientemente una respuesta por parte de Julia. Concretamente de la parte de la cara que se llama boca y sirve para comer y, en ocasiones, para hablar por teléfono.


CAPÍTULO DOS

Llevar la carta hasta correos fue toda una odisea. Lo que ocurrió es mas o menos esto:
Antonio no llevaba siquiera tres minutos y seis segundos de camino cuando se dió cuenta que era muy costoso avanzar con la bici. Acababa de dejar una cuesta arriba, pero ya estaba en llano. Pensó que la bici pesaba mucho, o que el estaba ya mayor y fue pensando en su jubilación hasta que al final la bici se detuvo. No hubo manera de avanzar y reposó un poco con los pies en el suelo.

Vió por entre el maletín de la bici la carta que debia entregar y al intentar cogerla se cayó al suelo de cabeza. Le costó horrores recoger la carta, de tanto que pesaba. Cuando la tuvo levantada comprendió muchas cosas. De la misma manera que empleamos palabras para describir cosas que no son visibes, como la "esperanza", existen pesos para describir palabras que no apreciamos suficiente.
Esa insignificante carta debía pesar como un monovolumen o como un elefante tuerto, quizá algo menos.
Supo entonces que esa carta debía llegar a su destino como fuera. Se puso la gorra e hizo fuerza con el pelo para anclarla en su sitio. Se apretó el cinturón y después de inspirar hondo comenzó a pedalear con todas sus fuerzas.
La bici se movió y así prosiguió su camino. Lo que viene ahora pasó muy rápido, pero lo intentaré escribir a cámara lenta. Se precipitó cuesta abajo por una pendiente, atropellando a un perro que le ladraba a una mariposa que a su vez bailaba en el aire como volaría un caimán. El perro se enredó en los radios de la bici y ambos comenzaron a rodar, pasando a traves de bolsas de basura y cartones hasta que solo se vió una gran bola rodante, que a la filosofía le costó distinguir qué era cartón y qué era cartero.
En el momento de estrellarse contra la puerta de la oficina de correos, la gran bola se paró, saliendo diparados en las tres dimensiones, perro, cartero, cartones, todo lo demás y la carta aterrizó en la mesa del matasellos colándose por la ventana. La sellaron, y empezó su nuevo viaje.


CAPÍTULO TRES

El camino hacia la ciudad no fue menos movido. Dirigido por el jefe de correos, y con una escolta de 4 policías, partieron 6 carteros más llevando a cuestas la carta metida en una vitrina. Esto fue así porque la carta se negaba a subir a la camioneta, o esa impresión daba, ya que cada vez que la intentaban subir, alguien se tropezaba, o le entraba un tic nervioso o se le doblaban las rodillas por el lado contrario. Y así marcharon por toda la urbe, rodeados cada vez de más gente, y había incluso quienes se ofrecían a ayudar a llevarla. La carta se sentía importante, o al menos así se sentiría si tuviera vida.
Llegaron por fin al domicilio de Julia pero no parecía haber nadie. Y es que Julia no sabía que estaba pasando y no quiso abrir. La incertidumbre asoló la improvisada reunión, pero pronto algo comenzó a cambiar... de la carta parecía salir el olor característico del jazmín, que consiguió subir los 4 pisos que separaban a la carta de Julia. Esto le hizo reaccionar, y se acordó de los paseos con Edu por el pueblo, rodeados de jazmines entre otras flores. El recuerdo latente en su interior de esos momentos tironeó de ella hacia abajo, con tanta fuerza que Julia cayó varios escalones hacia abajo. Ello no impidió que siguiera bajando las escaleras como hipnotizada.


CAPÍTULO TRES Y MEDIO

Llegó abajo y recogió la carta sin mediar palabra con nadie, ante la mirada atenta de todos los que esperaban mediar palabra con Julia. Abrió el sobre y en seguida una bocanada inmensa de aire, le saltó a la cara, despeinándola como si no se hubiera peinado en su vida. Leyó la carta con los ojos empañados, hoja tras hoja. Era un texto preciosamente escrito y estrictamente precioso. Terminó de leer la carta con emoción y dio las gracias a todos los que ayudaron a llevarla hasta su casa. Después de unas breves palabras y de secarse los ojos con la chaqueta de uno de los carteros, se despidió y subió a casa de nuevo.
A varios kilómetros de allí la mariposa dejó de bailar como vuelan los caimanes para volar como bailan las mariposas. Edu cogió el teléfono, porque estaba sonando. Era Julia, le estaba hablando desde esa parte de la cara que sirve para comer y, en ocasiones, para comunicarse.




-Ningún animal resultó herido en el transcurso de este relato.

Iwakura
22-12-2006

4 de septiembre de 2008

La puerta



Quizá no sepamos nunca que hay tras la puerta. Puede ser que seamos nosotros mismos los que ya estemos al otro lado. Sea lo que sea no conseguimos abrirla. La llave entra en la cerradura pero no gira. Con tanto esfuerzo y sudor ojalá hubiera detrás un oasis en el que refrescarse. La puerta permanece cerrada. No se abre. Pero algún dia, quizá con más maña o fuerza, el mecanismo del Universo cederá y oiremos el giro del cerrojo, anunciando que aún vivimos y que hemos conseguido ser eternos, por la sangre de nuestra sangre.

1 de septiembre de 2008

El camino del viento


Hace ya muchas lunas que emprendí mi viaje hacia tierras de naturaleza incierta. Amo a mi pueblo, a mi gente. Me encantan los atardeceres sentado tranquilamente en las ruinas del antiguo castillo. Nací con un mal siniestro en el cuerpo. Dicen que es un parásito que me mata lentamente y a la vez me mantiene con vida. Que podría ser por una maldición que le echaran a mi madre estando encinta. Lo cierto es que me estoy muriendo y mi cuerpo no aguantaría que intentaran extraérmelo. Por eso decidí irme del pueblo. Demasiado tarde, tal vez, pero confieso que me paralizaba el miedo. Al final sólo me decidí cuando la gente se apartó de mi -puede ser contagioso- dicen. Nunca me gustaron las despedidas pero esta fue especialmente dolorosa. No se que puedo encontrarme por el camino y quizá no vuelva nunca jamás. He dejado atrás tantas cosas, tantos sueños, tantos seres queridos que cada pisada me pesa, el corazón llora y los minutos permanecen eternos. Pero aun puedo andar. La esperanza de curar mi mal tiene nombre de hechicera. De hecho tiene muchos nombres. Según cuenta la leyenda existe una hechicera que vive en los Picos Serrados, una cordillera difícil de acceder. No se sabe qué edad tiene, quizá cientos de años y parece que fue muy poderosa. Por lo que sé tiene muchas personalidades, cada una con su propio nombre. Y una, sólo una de ellas, aceptaría ayudarme. Debo llamarla Viento o de lo contrario ni siquiera hablará conmigo. Eso lo se porque lo he soñado. Puede que sea tonto perseguir así un sueño, pero es lo único que tengo. La soledad quema en mi piel y me congela a la vez. En la oscuridad del bosque en la noche sólo se oyen los latidos de mi corazón. Los grillos se han calmado. Los pájaros duermen, y sólo llama mi atención las hormigas que me suben confundiéndome con un viejo tronco podrido. Pero no. Todavía no. Mañana amanecerá temprano y el sol guiará mis pasos. El viaje continúa...sigo el camino del viento...

8 de agosto de 2008

Las heridas que no se cierran

La batalla fue interminable. El olor a cenizas mezclado con sangre era asfixiante. Pero por fin, ya había acabado todo. Inara iba a volver a casa tras tanto tiempo de horrible lucha. Pensó en la caldereta de arroz con bogavante de su madre y se alivió. Y en los juegos inocentes de sus hermanos pequeños. ¡Cuánto los había echado de menos! Sólo que ahora volvía triste y sin fuerzas, con una herida en el brazo que nunca se curaría. Una herida que le recordaría toda su vida no haber podido defender a su amado en la batalla. Después de sobrevivir juntos a muchos asaltos lograron alcanzarle sin ella poder evitarlo. Frederick se desangraba delante de ella, mientras le susurraba entre toses la suerte que tenía por morir viéndola por última vez. El tiempo pasaría. Y Inara no volvería a la participar en ninguna guerra. Sólo se amparaba en la esperanza de comenzar una nueva vida.


1 de agosto de 2008

USB boy, para las chicas deprimidas




Imagina que un dia te sientes muy sola. La depresión te alcanza y te encuentras en el suelo un pendrive USB. Por simple curiosidad lo conectas al PC y... de la pantalla sale un chico dispuesto a hacer cualquier cosa para aliviar tus penas, a cambio de nada. Para eso nacieron los USB boy, para consolar a las chicas puras de corazón que sienten una soledad extrema en lo mas profundo de su ser.

P.D: (Parodia del grandioso manga Video girl Ai)

26 de julio de 2008

Por el mar nadan las cabras

Es un pájaro? Es un avión? No. Es una piscicabra payasa (capra ostaichactis). De la familia de los perciformes melenudos. Suelen encontrarse flotando cerca de las anémonas. Estas le dan cobijo y la piscicabra ahuyenta a los depredadores con sus cuernos y coletazos. Tiene un canto caraterístico que atrae a los peces más curiosos que se arremolinan en torno al Anemone's Concert. Su dieta se basa en algas y en plancton deluxe. Suelen congregarse en bancos y muchas veces van de viaje a otros mares, visitando formaciones rocosas, arrecifes de coral famosos y alojándose en anémonas de cinco estrellas. Es una especie protegida que está en vias de expansión. Tienen un caracter alegre y despreocupado, como se demuestra en la foto adjunta.

24 de julio de 2008

Familia Feliz


Hace mucho tiempo, en un mundo muy muy lejano llamado Tierra (qué original!), tomé esta fotografía de la flora que en ella habitaba, mientras paseaba tranquilamente. Estos seres fueron muy amables posando para mi y hasta me ofrecieron invitarme a un refresco. Querían agradecerme el interés que mostré hacia ellos con un fuerte abrazo pero... me negué. Espero que no se lo tomaran a mal.

23 de julio de 2008

Desde la terraza del palacio invertido


Suenan campanas de alegría.
El viento se respira fresco.
La melodia da compañía.

Mil pájaros vuelan en cielo,
arremolinados en torno al palacio
muestran todo su encanto.

Un regalo, un presente.
Su belcanto inunda el ambiente.
Como una bella opera flotante.

El dragón descansa tranquilo,
tras larga jornada de juego,
En el regazo halla sosiego.

14 de julio de 2008

La canción del calcetín versión 0.1

Con diez patatas por banda,
pieza de ropa que marea,
no pisa suelo, sino vuela,
apestoso calcetín.
Gran patata que alaban,
por su tamaño y poco hilo,
en todo pie ha vivido,
hasta en el de un mandril.

trabalenguas absurdo

Si oye un poco a los Pecos le pica el pico y las pecas un poco al peque de Paco

10 de julio de 2008

Segundo post


A ver si salen las imagenes...

Primer post

Uno dos, probando, probando.